jueves, 31 de marzo de 2022

 

¿Hay nazismo en Ucrania?

 

Lic. José A. Amesty R.

1-abril, 2022

 

Al inicio de la intervención militar de Rusia en Ucrania el 26 de febrero 2022, el presidente Vladímir Putin hablo de erradicar el nazismo-desnazificar ese país, como uno de los objetivos a lograr.

 

¿Pero qué es el nazismo? Según Wikipedia, “El nacionalsocialismo, comúnmente acortado a nazismo, es la ideología del régimen que gobernó Alemania de 1933 a 1945 con la llegada al poder del Partido Nacionalsocialista Obrero Alemán de Adolf Hitler. A su vez, El nazismo es una forma de fascismo que demostró un rechazo ideológico hacia el marxismo, la democracia liberal y el sistema parlamentario. También, incorporó un ferviente antisemitismo, el racismo científico y la eugenesia en su credo.

 

La eugenesia “es la eliminación de individuos que la ciencia convencional considera ser portadores de genes defectuosos o que no cumplen con los estándares genéticos y biológicos fijados. La palabra eugenesia viene del griego y se compone por eu que indica 'bien', 'correcto', y genia, que se refiere al origen. El régimen nazi alemán utilizó experimentos crueles e inhumanos, para buscar la raza perfecta según ellos”.

 

No obstante, el nazismo ucraniano, según el excelente periodista y escritor Pepe Escobar, “Por lo tanto, Ucrania no es un caso de “nacionalismo blanco”, por decirlo suavemente, sino de un “nacionalismo ucraniano anti-ruso”, que se manifiesta a través de saludos al estilo nazi y símbolos al estilo nazi” en su artículo ““¿Quién trabaja para que el nazismo sea “grande de nuevo”? De aquí, como vemos actualmente en Ucrania, el realce del odio a los rusos.

 

No en balde lo anterior, deseamos explicitar y comprobar que Ucrania se ha convertido en un ghetto para los nazis de cualquier origen.

 

Lo curioso e increíble es que últimamente Ucrania, EEUU, OTAN y los medios occidentales capitalistas, se han dado a la tarea de enfatizar que Ucrania no es nazista, quieren imponer la narrativa que no hay nazismo en este país.

 

Según el escritor Dax Toscano Segovia, en su artículo “Propaganda mediática y guerra psicológica al servicio de EEUU y la OTAN (II)”, los bombardeos en la región de Donbass, son causados por el “ejército de Ucrania y los batallones neonazis adjuntos a él”.

 

Así mismo, el autor enfatiza “Desnazificar Ucrania es una necesidad imprescindible, pero EEUU y la OTAN prefieren mantener a un régimen amparado por grupos neonazis, enviando millones de dólares en ayuda militar, para alargar el conflicto y su aparato militar industrial seguir obteniendo ganancias”.

 

A su vez, el periodista Pepe Escobar, en su artículo “¿Quién trabaja para que el nazismo sea "grande de nuevo"?, señala “Mariupol finalmente está a punto de ser completamente desnazificada, ya que el batallón Azov, atrincherado durante mucho tiempo en la ciudad (y utilizando a civiles como escudos humanos) fue su fuerza de combate ucraniana más dura de derrotar”. “Ganando más dinero que los soldados regulares, el Batallón Azov terminó absorbiendo a casi todos los grupos neonazis y fueron enviados a luchar contra el Donbass”.

“Y pronto el batallón Azov se incorporó como Regimiento Azov a la Guardia Nacional de Ucrania”.

 

Hay otros datos de Escobar “Hace un año los principales medios de comunicación de EEUU llegaron a publicar algún artículo sobre los neonazis de Azov y Aidar, pero rápidamente se impuso una narrativa neo-orwelliana: no hay nazis en Ucrania. La filial de la CIA, el NED, comenzó a eliminar los registros sobre el entrenamiento de los miembros de Aidar. Solo hace unos días una red de noticias independiente publicó un video de un comandante de Azov entrenado y armado por la OTAN, pero con una completa iconografía nazi”.

 

Finalmente, apunta “Así que Ucrania, con sus patéticas bandas neonazis, es exclusivamente un peón prescindible en el desesperado impulso por detener algo que está más allá del anatema, desde la perspectiva de Washington: una Nueva Ruta de la Seda germano-rusa-china totalmente pacífica”.

 

Por otro lado, el editor de política exterior Alis Roussinos, en su artículo “La verdad sobre las milicias de extrema derecha”, muestra que hay un binomio milicias de extrema derecha y nazismo, “No obstante, cuando termine la guerra, tanto Zelensky como sus apoyos occidentales deberán procurar por todos los medios que no empoderen a grupos cuyos propósitos chocan directamente con las normas liberal-democráticas que defienden. Armar y financiar a Azov, Tradición y Orden y Karpatska Sich puede ser una de las difíciles decisiones forzadas por la guerra, pero desarmar a estos grupos deberá ser sin duda una prioridad cuando termine la guerra”.

 

También la escritora y periodista argentina Sandra Russo afirma “Nadie con dos dedos de frente puede dudar de que Zelensky es un golpista dispuesto a convertir Ucrania en una Meca neonazi”. “Putin habla de la necesidad de la “desnazificación” de Ucrania y el poder de Occidente lo hacen sonar “autoritario”, “dictador”. Y claro que hay que desnazificar el mundo, aunque en la ONU, en 2021, los únicos países que se opusieron a una resolución que iba en ese sentido hayan sido Estados Unidos y Ucrania”.

Finalmente, señala “Con el nazismo no se discute. Con el fascismo no se negocia. A los totalitarismos la democracia no puede tolerarlos, porque se le abre el camino al poder nuevamente, y lo primero que repetirán será su eterno modus operandi de solución final”.

 

Finalmente, para probar nuestra hipótesis que Ucrania está inmersa en el plan y en la idea del nazismo como fuerza política y militar, el catedrático y periodista uruguayo Carlos Fazio enfatiza, “Mientras los propagandistas del bloque EEUU/OTAN/Unión Europea usan la herencia judía de Volodímir Zelenski para refutar las acusaciones de la influencia nazi en el gobierno del servidor del pueblo de Ucrania (asimilada a desinformación rusa en la nueva ortodoxia narrativa melodramática de los ‘comunicadores’ del mundo libre, occidental y judeocristiano de los regímenes Corona de excepción), la terca realidad asoma con base en hechos verificables y exhibe un rostro distinto a las simplificaciones maniqueas en la hora de la espectacularización de la política: “democracia vs. autocracia”, “Occidente vs. la barbarie del neozarismo expansionista”. Y la verdad comunicacional, que nunca es objetiva, indica que EEUU, la OTAN y la UE están del lado de los nazis”.

 

viernes, 18 de marzo de 2022

Guerras invisibles

 

Guerras invisibles

 

Lic. José A. Amesty R.

18 marzo, 2022

 

Estamos viviendo a diario por los medios de comunicación, un parte de guerra en torno al conflicto armado en Ucrania, los medios lo permiten y es posible hoy. Nos alertan de los peligros de una posible guerra nuclear. No obstante, ante la moda de la guerra y su horror, parecen haber aires de solución al mismo ante las negociaciones de las partes involucradas.

 

Sin embargo, parecemos nublados e imposibilitados de ver, darnos cuenta, de otras guerras en curso, ya que los medios no transmiten o no les interesa mostrar. Guerras inexistentes para las redes de internet, para la TV y en los periódicos. Como parte del capitalismo digital, este, busca que la gente no comprenda ni vean a otros/as.

 

De seguido vamos a informar de otros enfrentamientos bélicos en África y Asia, enfatizando la guerra en Yemen.

 

Según la Escuela de Cultura de Paz, centro de investigación sobre paz, conflictos y derechos humanos adscrito a la Universidad Autónoma de Barcelona y creado en 1999 por UNESCO, “las dos regiones anglófonas del oeste de Camerún continúan afectadas por el grave clima de violencia como consecuencia de las acciones de los actores armados secesionistas, así como del excesivo uso de la fuerza y las operaciones de contrainsurgencia llevadas a cabo por las Fuerzas Armadas y las milicias locales”. La violencia estalló en 2017. Según datos del International Crisis Group, ya ha habido más de 6.000 muertos.

 

Etiopia. En 2020, la región etíope de Tigray se vio afectada por una escalada de la tensión con el Gobierno federal que derivó en una confrontación bélica de graves consecuencias. El 4 de noviembre de ese año, el primer ministro etíope, Avío Ahmed, ordenó el inicio de una operación militar contra las autoridades de esa región fronteriza con Eritrea. Tras la ofensiva se desencadenaron duros enfrentamientos y una escalada del conflicto, provocando el desplazamiento de miles de civiles. El presidente de EEUU, Joe Biden, afirmó que Etiopía no cumple con los requisitos de elegibilidad de la Ley de Crecimiento y Oportunidades para África (AGOA) “por graves violaciones de los derechos humanos reconocidos internacionalmente”. “Estamos ante un conflicto al que se suma un deterioro de la economía y perturbaciones climáticas que están agravando la situación humanitaria de más de 26 millones de personas”, subraya Pilar Orduña, responsable humanitaria de Oxfam Intermón.

 

Malí. Este país africano es escenario de múltiples violencias. En su informe sobre los conflictos que atraviesan el mundo, la Escuela de Cultura de Paz, destaca que el sufrimiento en gran parte del territorio maliense se debe a las acciones armadas perpetradas por grupos de corte yihadista, a lo que se suman enfrentamientos entre milicias de las comunidades fulani, dogon y bambara y choques armados entre las dos coaliciones de grupos yihadistas en la región, así como las respuestas no menos agresivas de las fuerzas de seguridad. El horror se ha cobrado desde 2012 al menos 25.000 vidas. Según ACNUR, 2,5 millones de personas se vieron desplazadas de sus lugares de residencia a causa de esta dramática situación.

 

Mozambique. La provincia de Cabo Delgado, en el norte de Mozambique, padece desde finales de 2017 un conflicto armado protagonizado por el autodenominado Ahlu Sunnah Wa-Jama (ASWJ). La organización armada de carácter yihadista hizo su primera aparición en octubre de ese año con el ataque a tres puestos policiales en el distrito de Mocimboa de Praia. Desde ese momento, Cabo Delgado ha sido el epicentro de un aumento en la actividad violenta en el país. Médicos Sin Fronteras alertó recientemente de que “la crisis humanitaria persiste y cientos de miles de personas desplazadas sobreviven en condiciones precarias”.

 

Nigeria. La secta islamista Boko Haram reclama el establecimiento de un Estado islámico en Nigeria y considera a las instituciones públicas nigerianas como corruptas y decadentes. El informe de la Escuela de Cultura de Paz, alerta sobre la “persistencia de las actividades de Boko Haram, a pesar de las operaciones contrainsurgentes, provocando nuevos desplazamientos de población y agravando la crisis humanitaria existente”, marcada por “violaciones generalizadas de los derechos humanos, entre ellas masacres de civiles, la mutilación y el secuestro de menores y la violencia sexual contra ellos”.

 

Somalia. El conflicto armado y la ausencia de autoridad central efectiva en el país tienen sus orígenes en 1988, cuando una coalición de grupos opositores se rebeló contra el poder dictatorial de Siad Barre y tres años después consiguieron derrocarlo. Esta situación dio paso a una nueva lucha dentro de esta coalición para ocupar el vacío de poder, que ha provocado la destrucción del país y la muerte de más de 300.000 personas desde 1991, a pesar de la fracasada intervención internacional de principios de los noventa.

Los diversos procesos de paz para intentar instaurar una autoridad central han tropezado con numerosas dificultades, entre las que destacan los agravios entre los diferentes clanes y subclanes que configuran la estructura social somalí, la injerencia de Etiopía, Eritrea y EEUU y el poder de los diversos señores de la guerra.

 

Afganistán. El país ha vivido en conflicto armado prácticamente de forma ininterrumpida desde la invasión de las tropas soviéticas en 1979, cuando se inició la guerra entre las fuerzas soviéticas y afganas, por una parte, y las guerrillas anticomunistas islamistas (muyahidín) por otro. Los talibanes tomaron el control del país en agosto de 2021 ante la mirada impávida de la comunidad internacional. El Frente de Resistencia Nacional liderado por Ahmad Masud encarna hoy el principal grupo armado contra el poder talibán.

 

Irak. El territorio iraquí es otro escenario de violencia crónica. En diciembre de 2021 concluyó la misión de EEUU en ese territorio, marcada, al igual que Afganistán, por otro fracaso: lejos de vivir en paz, Irak sigue inmerso en un panorama preocupante. Escuela de Cultura de Paz, mantiene a este país en el listado de lugares que sufren conflictos violentos graves.

 

Siria. “Los sirios han sido sometidos a violaciones de los derechos humanos a escala masiva y sistemática”, se lamentaba el secretario general de Naciones Unidas, António Guterres. Sus palabras coincidían con un nuevo aniversario de la guerra que sufre este país desde 2011 y que ha tenido como protagonistas al Gobierno de Bashar al-Assad y a grupos armados de distinta inspiración.

Según datos de ACNUR, hay 5,6 millones de refugiados y 6,7 millones de desplazados internos. La guerra se traduce además en otro número de espanto: el 80% vive en situación de pobreza. “La situación humanitaria es devastadora. Hay más de 13 millones de personas que necesitan ayuda humanitaria”, remarca Pilar Orduña, responsable de acción humanitaria de, Oxfam Intermón.

 

Y otras guerras en: Región Sahel Occidental (norte de Malí, norte de Burkina Faso y noroeste de Nigeria); República Centroafricana; República Democrática del Congo (este); Uganda; Sudán (Darfur); Sudán del Sur; Myanmar (antes Birmania).

 

Veamos el caso de Yemen:

 

Yemen también es escenario de una grave crisis humanitaria provocada por la guerra. Desde marzo de 2015, una coalición liderada por Arabia Saudí y Emiratos Árabes Unidos bombardea las zonas del país controladas por los rebeldes hutíes. El último informe de la organización yemení independiente Mwatana for Human Rights, señala que a lo largo de 2021 se produjeron 839 incidentes de daños a civiles y objetos de carácter civil en los que murieron y resultaron heridos más de 782 civiles. “Más del 80% del país necesita ayuda humanitaria urgente”, apunta Pilar Orduña. La muerte se niega a dar tregua en este otro punto crítico del planeta.

 

La guerra en Yemen es calificada por Amnistía Internacional como “el infierno en la tierra” y según Achim Steiner, administrador del PNUD, “Yemen es la peor y más grande catástrofe humanitaria del mundo, y esta catástrofe continúa agravándose”.

 

Desde que en marzo de 2015 estallase la guerra, por Yemen se ha extendido la pobreza, la miseria, los desplazamientos masivos (más de cuatro millones de personas han sido desarraigadas de sus hogares) en un país sembrado de miles de muertes de civiles y enfermedades como el cólera que es una amenaza constante, miles de personas carecen de acceso a servicios básicos tales como las letrinas y el agua potable. A lo anterior hay que sumar el Covid-19, ahora mismo el país está viviendo la cuarta ola.

 

A estas alturas se calcula en más de 400.000 muertos en esta guerra, de los cuales en torno al 60 por ciento, se debe a consecuencias indirectas del conflicto, como la falta de agua potable, el hambre y las enfermedades. El número de personas desnutridas supera los cinco millones. Todas las partes implicadas en el conflicto de Yemen han causado víctimas civiles.

 

Las intervenciones militares sauditas son verdaderas carnicerías hacia la población, pero no consiguen cambiar el rumbo de la guerra, como pretendían los líderes del golfo, todo lo contrario, militarmente son un fracaso, la capital Sana’a, es controlada por los huthíes que en estos años ha incrementado su relación con Irán.

 

Desde 2015 hasta junio de 2021, España autorizó exportaciones de armas a Arabia Saudí y EAU por importe de más de 2.300 millones, cantidad que casi alcanza los 2.700 millones al incluir otros miembros de la coalición internacional que opera en Yemen como Egipto, Jordania y Kuwait.

 

El final del conflicto parece estar lejos, los intereses internacionales, junto al rechazo de la población a la intervención extranjera, alejan una salida política que gane el terreno al enfrentamiento armado.

 

Finalmente, recalcamos, que estas guerras parecen no existir para los medios de comunicación, no les interesa, ya que no son guerras “importantes”, no venden periodísticamente. No les importa que la gente esté sometida, a lo que ellos quieren que nosotros veamos.