martes, 24 de enero de 2012

Fe y Política en Estados Unidos

(A propósito de la elección presidencial 2012)
Rev. Carmelo Álvarez, Chicago  - 24 de enero de 2012- Enviado por José Amesty 
Las primarias presidenciales republicanas y toda la euforia creada por los medios de comunicación han propiciado un ambiente que se mueve entre el fanatismo político y el fanatismo religioso. Se alimenta una histeria colectiva que va creando la sensación de que el  destino de la nación norteamericana está en juego. Detrás de todo este proceso existen unas tendencias conservadoras extremas (han existido con agresividad desde los años 80) en los sectores evangélicos conservadores. A estas corrientes evangélicas conservadoras se les ha denominado “derecha religiosa”, particularmente asociada con líderes como el finado Pastor Jerry Falwell y su Mayoría Moral,  y el abogado y pastor, Pat Robertson, con su Red Transmisora Cristiana (CBN) desde la década del ochenta del siglo XX. Su cercanía con el ala conservadora del Partido Republicano y Ronald Reagan les dio mucha notoriedad pública. Pat Robertson pretendió, incluso, ser el candidato presidencial republicano en 1988, pero fue detenido por intereses mayores dentro del propio partido, incluyendo al entonces vice-presidente de Estados Unidos, George H. Bush, quien fue el candidato presidencial republicano en aquellas elecciones.
La fuerza de la derecha religiosa ha ido evolucionando por lo menos en dos direcciones. Algunos de sus líderes prominentes evangélicos como Ralph Reed, seguidor de Falwell y Reagan, se han movido abiertamente al centro mismo de la arena política republicana, sin pretender defender una agenda evangélica propiamente, aunque confiesen ser evangélicos conservadores. Su interés es más político que religioso. Por otro lado, una clara tendencia es el repliegue de muchos evangélicos conservadores dentro del llamado “Tea Party”, una alianza ultra-conservadora de un sector supuestamente dentro del Partido Republicano, con una fuerza evidente en muchos de los estados de la Unión. Allí va a resultar interesante que suceda con el “Tea Party” y sus pre-candidatos. Y los resultados de las primarias. Ya hay dos pre-candidatos (John Hunstman y Rick Perry) y una precandidata (Michelle Bachmann) que se han visto obligados a retirarse del proceso primarista.
Es evidente que aquí el factor económico es determinante como siempre lo ha sido en las campañas presidenciales de los Estados Unidos. Estas campañas son sumamente costosas y sólo la capacidad de recoger grandes sumas de dinero, particularmente con el apoyo del gran capital, hace viable aspirar con buenas posibilidades de ganar. Cabe recordar que se han aprobado en el Congreso de los Estados Unidos leyes electorales que cada día liberalizan más los aportes de grandes consorcios y compañías comerciales para apoyar candidatos y candidatas a puestos electivos. Lo que significa que pueden no solo determinar sino seleccionar directamente los candidatos de su preferencia ideológica, disminuyendo el poder decisivo de los partidos en la escogencia de candidatos y candidatas.
Existen en el país cualquier cantidad de grupos religiosos derechistas organizados en programas para la familia, los jóvenes, las mujeres, la educación y la evangelización a nivel internacional, ente otros. Entre esas organizaciones religiosas conservadoras hay que contar a sectores ultra-conservadores del judaísmo. Se destaca mucho aquí una estrategia creciente para fortalecer la solidaridad con el estado de Israel, intentando revertir el antisemitismo que por largo tiempo ha existido en los Estados Unidos. Incluso, existen grupos de judíos cristianos y cristianos judíos que intentan conciliar posturas que otrora llevaron a serias diferencias doctrinales y disipar la vigencia de odios o rechazos mutuos. Lo mismo ocurre, en menor grado, entre evangélicos conservadores y católicos conservadores, que intentan a través de temas como el aborto limar asperezas y excomuniones mutuas históricas que han existido a lo largo de la historia religiosa de los Estados Unidos, por más de doscientos años.
Muchos de estos grupos y tendencias conservadoras evangélicas intentan buscar una gran sombrilla que los cobije, en lo que algunos analistas y pensadores han llamado “nacionalismo cristiano”. La nación está por encima de todo porque Dios está de su lado como pueblo bendecido y electo. Aquí se retrotrae toda la ideología del destino manifiesto, el pueblo escogido y la tierra prometida, desde su lectura bíblica fundamentalista y exclusivista.
Es importante destacar en todo este proceso tres dimensiones que están íntimamente ligadas a la concepción que se tiene sobre la fe. Primero, ha existido (como hemos afirmado ya) una relación estrecha entre la fe y la ideología conservadora (destino manifiesto). Incluso se ha planteado que hay una “religión civil” que se esfuerza en subrayar una especie de secularización de esa ideología conservadora religiosa. Uno de los ejemplos más claros de ese proceso lo constituye la exaltación de los Diez Mandamientos como decálogo público que debe determinar tanto lo moral como lo legal, al ser la quintaesencia de la civilización cristiana. Segundo, hay una estrecha relación que se quiere subrayar entre fe y religión, donde lo religioso deviene en una cuasi-teocracia que impondría su código, moral, espiritual y doctrinal en la sociedad. La enseñanza de la religión y la promoción de las oraciones en las escuelas públicas son algunos de los pilares ideológico-teológicos de estos grupos conservadores. El tercer aspecto tiene relación con el lugar de los Estados Unidos en el mundo. El destino manifiesto implica que los Estados Unidos han sido llamados a conducir con su liderato los destinos del mundo. En círculos conservadores muy frecuentemente se destaca que los Estados Unidos deberían retirarse de las Naciones Unidas porque allí hay “hostilidad y odio” hacia los Estados Unidos. Además, según esta postura ideológica conservadora, los Estados Unidos como primera potencia militar del mundo están llamados a ser los gendarmes y guardianes del mundo, sin ningún otro arbitro.
Un aspecto digno de mencionarse en el proceso de las primarias republicanas es la preferencia confesional-religiosa de los candidatos y la candidata republicanos. Examinemos sus posturas.
Michelle Bachmann es una líder prominente del “Tea Party”. Proviene de una familia luterana, con una membresía activa en el Sínodo Luterano de Wisconsin, la iglesia luterana más conservadora de Estados Unidos. Estudió en la Universidad Oral Roberts, uno de los pilares del conservadorismo evangélico, fundada por el evangelista del mismo nombre. Tuvo algunas serias dificultades con sectores católicos del electorado porque el Sínodo Luterano de Wisconsin, con su postura anti-ecuménica y anti-católica, opina que “el Papa es el anticristo”. Ella supuestamente se distanció de esa opinión, aunque no totalmente de las afirmaciones fundamentalistas de la iglesia donde nació, se crió y vivió su vida adulta. En la actualidad asiste a una iglesia evangélica supuestamente más moderada.
Entonces, aparece en el escenario Newt Gingrich, otrora presidente de la Cámara de Representantes de Estados Unidos. Es el candidato más intelectual con una carrera de profesor de historia norteamericana, escritor prolífico y cabildero de varias empresas comerciales y gubernamentales. Gingrich ha tenido una vida política con muchos altibajos, con no menos dificultades en su vida personal (dos divorcios y tres matrimonios hasta hoy). Su trasfondo religioso sufre también de los mismos altibajos y vaivenes: Nació y se crió luterano, de adulto en Georgia se hizo Bautista del Sur y en 2009 se convirtió al catolicismo romano para casarse con su tercera esposa, en la fe católica. Con un espíritu apasionado y polémico, Newt Gingrich provoca las más variadas opiniones y reacciones, asumiendo posturas ambivalentes y oportunistas para el gusto de muchos republicanos militantes. Su campaña ha tenido un derrotero muy ambiguo y a ratos confuso, aún para los republicanos que lo admiran.
Un candidato que ha tenido una suerte parecida a la de Newt Gingrich es el gobernador del estado de Texas, Rick Perry. Fue el sucesor de George W. Bush como gobernador de ese estado. Es de tradición metodista, pero tan conservador o más que el propio Bush, por ratos distanciándose de las posturas progresistas que los metodistas como iglesia nacional han asumido. Sus dificultades para obtener una posición sólida para ser un candidato presidencial, con algunas posibilidades, procede de su incapacidad para articular un mensaje claramente conservador, aunque algunas opiniones sobre temas como el aborto, la teoría del diseño inteligente frente a la teoría de la evolución y su claro rechazo a los inmigrantes en su estado, no han logrado convencer a un amplio sector republicano, que ha debilitado y truncado su aspiración. A diferencia de Gingrich no logró el apoyo económico de algún sector conservador económicamente poderoso.
Un candidato que por ratos llama la atención es el Dr. Ron Paul de Texas, representante al Congreso nacional por Texas. Es médico-obstetra (por cierto muy reconocido en su profesión). Asume posturas radicales conservadoras, pero mayormente incoherentes, con claras señales de disfrutar el ser candidato sin plantearse en realidad que tuviera alguna posibilidad de ser electo. Algunos jóvenes blancos conservadores se adhieren a su “libertariaismo” y cuasi anarquismo.
Hay dos candidatos con trasfondo mormón, la Iglesia de los Santos de los Últimos Días. Jon Huntsman, quien fuera gobernador del estado de Utah, con una población mormona del 74 %. Huntsman ha tenido una larga carrera gubernamental y diplomática. Su fe mormona no ha sido cuestionada, quizás porque nunca se le vieron mayores posibilidades de triunfo. Huntsman no ha vociferado su adhesión al mormonismo, concentrándose en su capacidad y experiencia para ser presidente. Está casado con una episcopal y asiste con frecuencia cultos evangélicos.
El otro candidato más prominente es Mitt Romney, un multimillonario que también profesa la fe mormona. Su padre nació en México, en una colonia mormona, cuando sus padres eran misioneros allí. Romney fue gobernador de Massachusetts y ha ocupado varios puestos prominentes a nivel nacional, entre ellos presidente del comité organizador de los Juegos Olímpicos. Ha ocupado cargos importantes en su iglesia y fue misionero voluntario en Francia. Es la segunda vez que Romney intenta ser candidato a la presidencia en el Partido Republicano. En las dos ocasiones que ha sido candidato ha invertido millones de dólares de su gran fortuna. Su talón de Aquiles es la ambivalencia e inconsistencia en su mensaje, con muchos cuestionamientos sobre su conservadurismo. Pero sigue teniendo vigencia por su poder económico y la falta de claridad en el Partido Republicano sobre quién realmente será el candidato.
Finalmente, Barack Obama. Obama está en una gran encrucijada. Algunos le reclaman no haber cumplido con la mayoría de sus promesas de campaña en 2008. En ello se resalta una ley justa para resolver el asunto de la inmigración. La situación económica es y será su gran desafío, particularmente el desempleo y la brecha que se sigue ampliando entre ricos y pobres en el país. Su política exterior ha sido básicamente volver a la estrategia Clinton, y en algunos casos hasta seguir las pautas de Bush. En Latinoamérica sus inconsistencias y errores son evidentes, sin ninguna propuesta clara en el trato con la región. Todo lo contario, ha permitido que personeros de la administración Bush sigan teniendo una injerencia directa en las políticas y estrategias hacia la región. La oportunidad de un diálogo franco y honesto se le escapo de las manos.
El papel de Hilary Clinton no ha sido muy destacado, para ser generosos con ella. De ganar Obama seguramente ella no continuará como secretaria de estado y su vida política habrá terminado. No así la de su esposo Bill. Obama continuará negociando con Bill Clinton muchos asuntos domésticos y exteriores. La “Global Initiative”, Iniciativa Global, que fundó Bill Clinton, maneja miles de millones de dólares. Su influencia en la política exterior norteamericana es determinante. Hay destacados artistas como Bono, Madonna, Barbara Streissand y otros que lo apoyan. Bill Clinton sigue intacto en el Partido Demócrata. Su opinión pesa mucho, incluso a nivel estatal y local de la política norteamericana. En la elección de Rhan Emanuel como alcalde Chicago en 2011, colaborador por muchos años de Clinton, fue evidente su intervención directa. Bastó un discurso para alinear las tropas demócratas. Y fue electo en la primera ronda.
Obama deberá recomponer alianzas en su partido, convencer a los independientes que todavía él puede arreglar la economía, tratar de convencer a los hispanos e hispanos que es confiable. No  defraudar mucho más a importantes líderes afro-americanos. ¡Y romper el maleficio que le han echado de ser presidente de un solo término! Obama tiene la ventaja de ser el presidente, y esa prominencia le ayuda mucho.
El tema de la fe en Obama ha oscilado entre lo controvertible de su relación con el Rdo. Jeremiah Wright, su padre espiritual y mentor aquí en la Iglesia Unida de Cristo Trinidad de Chicago, y su intento de ubicarse en un terreno intermedio entre los liberales protestantes y los conservadores evangélicos. Ha de verse en la campaña como influirá esta dinámica. Un sector ultra-conservador lo ha demonizado a Obama como un “cripto-musulmán” vestido de liberal protestante. Lo racial y lo religioso aquí se mezclan. En este país esos odios están vivos.
¿Cuál es el horizonte que se vislumbra hacia noviembre de 2012 y la elección presidencial?
El Partido Republicano tendrá que cerrar filas con un candidato de consenso que evite divisiones serias: Entre Gingrich y Romney está la pugna. Si ello no se logra tendrán que buscar un candidato de conciliación. Que es tarea ardua en este ambiente político norteamericano. Los factores de hacer concesiones y el poder económico en las campañas primaristas son claves para ambos candidatos.
Cómo esté la economía en noviembre de 2012 será bien determinante en esta elección. Siempre lo ha sido en los Estados Unidos.
El factor religioso pasaría más por el contenido ideológico conservador que por la adhesión de fe a una denominación religiosa. El argumento se sacaría si un Romney, por ejemplo, es demasiado vulnerable ante el voto duro de los evangélicos conservadores republicanos. A Gingrich se le perdonarían sus divorcios, infidelidades y fama de mujeriego. Ya la lista de presidentes con esas inclinaciones está creciendo.
A Obama los conservadores evangélicos jamás le creerán nada, ni en la fe, ni en la política. Deberá reconstruir el puente de comunicación con los liberales intelectuales en las universidades. El día de la elección estos intelectuales votarían por el mal menor. Siempre lo han hecho en Estados Unidos. Pero les gustaría calmar sus conciencias para no congraciarse con un presidente ultra-conservador. Necesitan que el presidente parezca liberal.
Lo que no se perdona en Estados Unidos es violar el código ideológico-religioso de la religión civil. En los discursos de Obama ello es vidente, “la ascendente gloria de América”, esa es la consigna. “God bless the United States of America”, es la oración patriótica. Todo presidente lo tiene que decir. ¡Y levantar la bandera del poderío norteamericano a como dé lugar! Al final del día, “In God we trust” es más importante que “In God we hope”. 
 24-01-2012



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